Todas las delegaciones deportivas en el Uruguay tienen adoptado el color celeste como fiel representante de nuestro país, desde el fútbol al basquetbol, pasando incluso por el tenis, ciclismo, etc. Es un color que todos los uruguayos visten con orgullo, y sin dudas, nos hace diferentes. Ver el color celeste es ver a Uruguay.
Este matiz no sólo quedó impregnado en nuestras retinas y en la casaca, pasó a ser color de piel y grito de aliento, a ser música y ser canción. A ser celeste. Por todo esto, es que es muy importante el origen principal de la historia del por qué y desde cuando, Uruguay es celeste.

Los comienzos incómodos.
Desde el siglo XIX las diferentes comunidades de residentes extranjeros en estas tierras practicaron muchos deportes. Comenzando por el criquet y el remo, donde los británicos radicados disputaban contra sus similares argentinos algunas justas competitivas. El rango de las actividades, las comunicaciones y los traslados fueron ampliando el espectro hasta incluir al fútbol de la misma manera; un deporte que todavía se estaba formando y reglando para definitivamente separarse del rugby.
Albion fue el claro ejemplo en la última década de aquella centuria, con sus viajes y participaciones a Buenos Aires, y recibiendo las visitas de los conjuntos de la vecina orilla, y también disputando partidos “internacionales” ante representativos de los buques de la marina inglesa, marcando un precedente importante, en tiempos donde no estaba formalmente fundada la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF).
Si bien la investigación histórica no se detiene, algunos consignan los primeros encuentros de lo que hoy conocemos como la selección uruguaya entre 1900 y 1902. La indumentaria no tenía la relevancia que tiene en estos tiempos, ni muchos otros factores que hoy hacen de este deporte una experiencia mayor a lo sucedido en el campo de juego.
Así, por años fueron pasando diferentes modelos de la casaca uruguaya: blanca, celeste con una franja, verde, rojo y azul, blanca con rayas… Fueron varias.

Los resultados tampoco eran alentadores: derrotas ante Argentina (sucesivas, salvo excepciones), la visita del Southampton inglés (1904), Alumni (equipo argentino), South África, Tottenham, Everton FC, eran parte también de un proceso de construcción necesario que seguramente en un momento dado daría sus frutos.
1910 se convertiría en un año especial. Uruguay juega el torneo del Centenario en la vecina orilla, junto al local y a Chile, un torneo donde también participaron algunos representativos locales como el Alumni y la Selección Rosarina. En el final de la competición, el último partido, Uruguay cae 1-4 ante Argentina el 12 de junio. Es en ese momento donde se tomarán varias determinaciones sobre el combinado, entre ellas la de establecer el color de la camiseta, tal vez sin saber el mojón que se acababa de establecer.
Una nueva era.
Las temporadas de fútbol comenzaban en abril con el comienzo del otoño, y a veces se planteaban encuentros importantes de manera de que el público tome conocimiento de lo que vendría: pocos medios de comunicación (sólo la prensa escrita) hacían posible rodar la información, sin radio y sin pantallas. El domingo 3 de abril Nacional en el Parque Central recibe a Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, con el que cae derrotado 1-4. Para el siguiente fin de semana ya estaba estipulado el comienzo del torneo uruguayo con cuatro partidos: Dublin vs Nacional en Punta Carretas, al igual que Central vs French; Wanderers ante Bristol en Belvedere y C.U.R.C.C. ante Libertad en Piedras Blancas. Pero el plato fuerte estaba nuevamente en La Blanqueada: River Plate recibía al equipo más encumbrado de aquel entonces, el Alumni FC.
Ya se habían enfrentado anteriormente en Buenos Aires, logrando sendos empates el Viejo River. Era la hora de recibirlos, y todo se preparó para la ocasión: la recepción de la visita del equipo de los hermanos Brown tenia que ser a tono del estilo de la época: banquete, paseos, traslados, partido y despedida en el puerto; hay que tener en cuenta también los medios de transporte de la época, y los tiempos necesarios para los traslados.

“La Comisión del River Plate, cumpliendo sus deberes de hospitalidad, agasajará dignamente a los miembros del Alumni. Entre los paseos ya establecidos, los huéspedes serán conducidos a visitar Villa Dolores y a mediodía serán obsequiados con un banquete en el Grand Hotel. Una banda de música hará sentir sus armonías durante el partido…”. Así detallaba la prensa una parte de los acciones a los visitantes.

Otro recorte de prensa señalaba en la previa del encuentro que “Para este encuentro River Plate jugará con camiseta celeste y pantalón blanco”, cosa que finalmente sucedió. ¿Por qué? Ambos equipos utilizaban el mismo diseño de camisetas: roja y blanca a bastones de manera vertical (aunque Alumni supo usarlas de manera horizontal). Ese domingo 10 de abril, los equipos salieron al campo de juego antes de las 15 horas para saludar al público presente en un Parque Central que no tenía la estructura del actual.
Según las crónicas de entonces, cerca de tres mil personas se hicieron presentes cuando salieron al campo de juego por River Plate de color celeste: Cavallotti; José y Miguel Benincasa; Lourted, Oscar Sanz y García; Módena, Dacal, D’Agosti, Raymonda y Seoane. Alumni, de rojo y blanco: Hardie; Jorge y Juan Brown; Galup, Lawrie y Jacobs; Weiss, Alfredo Brown, Juancito Brown, Morgan y Clark.
Con el viento a favor, el conjunto local fue en búsqueda de la victoria al comienzo del encuentro; luego la visita logró emparejar las acciones y fue más peligroso, pero el cero se mantuvo en ambos arcos en el primer tiempo. Al comenzar el complemento la visita abre el score por medio de Weiss. A partir de ahí surgió lo mejor del Viejo River, con ataques constantes que tuvo en jaque a la defensa rival. Parecía una premonición de lo que hoy conocemos como “la Celeste”: luchar ante la adversidad, con una rebeldía bien entendida, desde el juego y el corazón; con lealtad. Así llegó el empate de Pablo Dacal, el “Charranco”, luego de que con una combinación del ataque el delantero uruguayo fulminó el arco con tiro esquinado. No sería todo. A los pocos minutos D’Agosti vuelve a vencer la resistencia del arquero Hardie, de gran actuación. Ambos equipos contaban en sus filas con jugadores utilizados en la selección nacional de cada país. River Plate jugó tres veces ante Alumni, y nunca cayó derrotado.

Poco tiempo después, el dirigente Alfredo Le Bas promovió utilizar esta camiseta para jugar ante Argentina, luego de caer en el mes de junio ante la albiceleste, como vimos anteriormente. El 15 de agosto quedó marcado como el inicio oficial y continuo de la historia de la camiseta color cielo, esa que queremos todos, la de las cuatro estrellas, la uruguaya. Como el Viejo River Plate.